viernes, 24 de marzo de 2017

DOSCIENTOS VENTICINCO







Creía que a estas alturas de la vida ya no me llevaría grandes sorpresas, no obstante lo que me pasó ayer por la tarde, fue una clara demostración de que estaba equivocada.
Desde hace tiempo, presento mis fotos en un concurso en el que marcan el tema y hay que seguirlo a rajatabla.
En general son fotos que tengo a mano, por ejemplo arquitectura, paisajes de playa, de campo, luces y sombras, retratos y asuntos por el estilo que, o bien ya los tengo en mi colección o puedo salir y sacar las fotos cerca de casa sin demasiado trabajo.
Uno de los últimos que pedían era “El cuerpo humano”.
Se me ocurrió decirle a Beatriz que me dejara sacarle a ella y se negó en rotundo.
Estaba tumbada en su cama viendo algo muy interesante en su iPad.

¿Cómo se te ocurre semejante cosa?
¿No te das cuenta de que estoy ocupada y super a gusto?

Si, ya me había dado cuenta de que no era el mejor momento para pedírselo, pero como mi determinación corría prisa, decidí hacerlo yo misma con mi propio cuerpo, por lo que fui a mi cuarto, quité el edredón de mi cama, abrí la ventana para que entrara bien la luz, encendí las lámparas con el fin de que crearan sombras y me desnudé.
Puse mi iPhone en Cámara y resuelta a hacer unas fotos que después editaría y quedarían estupendas, me puse las gafas para no cometer errores.
Intenté ver lo que se veía en el móvil cuando enfocaba mi cuerpo y no podía dar crédito a lo que mis ojos vieron.

Un ballenato de carne blanca, unas formas escandalosas, algo imposible.
Me pegué un susto morrocotudo.
Cerré el iPhone, me vestí corriendo y traté de olvidar la escena.
No quise volver a pensar en aquello.

Luego tuve clase de natación y con toda la naturalidad de la que soy capaz, me puse el traje de baño y me paseé entre las walkirias de mi gimnasio, haciendo de tripas corazón, como si fuera una más.
Y me pregunto qué ha sido de mi fuerza de voluntad.

¿Por qué no hago un esfuerzo sabiendo que detesto la gordura?

Y una vez más recuerdo a Gandhi cuando decía:

Se llega más lejos con la fuerza de voluntad que con la inteligencia.






jueves, 23 de marzo de 2017

DOSCIENTOS VEINTICUATRO






El sonido que más me ha cautivado de todos los que he tenido la fortuna de escuchar a lo largo de mi vida, es el canto de los pájaros y de estos, los que me transportaban a otro universo, son los pájaros de Amaroo, en Australia.
Sentía tanto placer, que me tumbaba en la hierba, cerraba los ojos y me deleitaba escuchándoles.
No cantaban todo el tiempo, era un rato, como un concierto y de repente, paraban y a lo mejor pasaban horas hasta que volvían a empezar.

Me aficioné hasta el punto de querer escuchar los pájaros de otros lugares.
En casi todos los sitios donde hay árboles, se puede escuchar el canto de los pájaros, pero por alguna razón que desconozco, ninguno me ha gustado tanto como los de Amaroo.
Escuchar cantos de pájaros grabados tampoco me satisface.



He ido a muchos conciertos en mi vida, sobre todo a los de mi hijo, ya que se dedica al ruido desde los catorce años más o menos y desde entonces, ha hecho giras por todo el mundo.
No es que el ruido y la improvisación sean mis preferidos, pero siendo mi hijo puse interés y a través de lo que él me explicaba y de sus conciertos, fui aprendiendo a disfrutar de algo que no era exactamente mi fuerte.
Sin embargo, Mattin tiene algo especial que en cuanto sale al escenario, eleva la vibración del ambiente y hay que ser muy frío para no sentirlo.
Lo que él hace no es fácil de apreciar sin una preparación previa, ya que no está sometido al mundo académico, no obstante, todos los músicos que se dedican al ruido, estudian mucho.

Debido a que Mattin va a estar en la documenta14, cada día miro lo que van anunciando sobre los proyectos que se presentan y compruebo que de momento, casi todo lo que muestran son asuntos relacionados con la jihad, con los refugiados y con todo lo que está en contra del sistema.

Mattin me cuenta que ya tiene tres chicas y un chico que están trabajando con él.
No saben gran cosa de su tipo de “música” pero están aprendiendo a pasos agigantados.
Está muy contento.
Un mes en Atenas preparando su presentación, es algo inmenso para un artista.

Cada día estoy más contenta de haberle animado siempre para que hiciera lo que le apeteciera, si es lo que le hace feliz.

Al morir mi hijo Carlos, algo en mí se reveló de una manera casi iniciática y me hizo ver que lo único realmente importante que podía hacer por mis hijos, es quererles mucho y darles toda clase de facilidades para que sean libres y felices.

Dejé de hacerme la seria con los mayores y me di cuanta de que eran muy responsables, casi no me necesitaban y el recién nacido era un encanto que me hacía muy feliz.









miércoles, 22 de marzo de 2017

DOSCIENTOS VEINTITRÉS







Me parece mentira haber llegado a un punto de mi vida, en el que toda mi aspiración es poder estar en casa, sabiendo que no tengo nada que me obligue a salir, lo cual no quiere decir que si salgo no disfrute, al contrario, casi siempre vuelvo enriquecida cuando he sacado fotos y he estado con alguna amiga o en el Guggenheim, no obstante la idea de quedarme en casa, no solo sentada frente al ordenador, sino levantándome de vez en cuando para poner una lavadora o tal vez, si me siento con fuerza, incluso para hacer orden en las cajas donde guardo los collages.

Lo que queda de mi antigua vida de artista plástica es lo que me impide tener la casa completamente vacía, me refiero a la zona que yo uso, es decir, mi cuarto, mi cuarto de baño y lo que sería el salón si no estuviera convertido en mi estudio.
Me gustan los espacios grandes, vacíos, impecables a poder ser, lo que no es mi caso por los restos de mi antigua profesión.

Cada día estoy más contenta de haber tomado la decisión de dedicarme a escribir.
No lo puedo considerar una profesión, ni lo pretendo, pero tampoco encuentro la palabra adecuada que explique lo que significa la escritura para mi.
Lo considero una manera diferente de aplicar lo que me queda del mundo de las artes plásticas.
Escribo como pinto, es bastante evidente.
Resumo, sintetizo, intento explicarme con el mínimo de palabras posible de la misma manera que cuando pintaba era tan esquemática que habría sido difícil, si no imposible, quitar algún plano a mis composiciones, sobre todo en los temas figurativos.




Ayer me llamó la atención que una de las personas que asiste a la clase de escritura, una mujer de cierta edad, no tanto como yo, pero mayorcita, culta, viajada, con quien da gusto charlar sin ambages y sin embargo me comentó:

He leído tu libro, Blanca ¡que duro!

Ya, a mi también me parece bastante duro.

Yo no sabía que existían esos mundos.
Es durísimo

¡Ah! en ese caso no me extraña que te haya parecido tan tremendo, lo entiendo.

Claro, es lógico, si nadie de su entorno se ha salido del tiesto, supongo que es normal que le sorprenda que existan esos submundos.

Yo tampoco me lo habría imaginado si no me hubiera tocado tan de cerca.
No lo habría conocido y me habría sorprendido.
Hasta tal punto me llamó la atención su comentario, que me han dado ganas de leerlo.

No sé que estarán pensando las amigas de Beatriz que me lo han comprado para regalárselo a sus padres…






martes, 21 de marzo de 2017

DOSCIENTOS VEINTIDOS







Ayer me quedé con ganas de seguir escribiendo sobre lo que significa para mi internet y el mundo digital.
Hasta tal punto ha cambiado mi existencia que, incluso sabiendo que hay vida fuera de la pantalla, prefiero estar atenta a lo que encuentro en ella.
Cuando la profesora que tenía en Malibu me habló del MIT* y de Nicola Negroponte, su fundador, me leí su biografía y recuerdo que fue de gran inspiración para mi.
Me encantan las personas que creen en algo y nada les para en seguir adelante con su propósito.
Creo firmemente en la constancia.
Incluso en el caso de que el proyecto no salga como se esperaba, estoy segura de que a través del esfuerzo realizado, se ha conseguido reafirmar la voluntad lo que es un paso importante.
Nicola Negroponte dirigió el MIT y el trabajo realizado desde entonces, está enfocado a enseñar al mundo y sobre todo a los gobiernos, la manera de mejorarlo a través de la educación, por lo que es imprescindible que todos estemos conectados, ya que está comprobado que la inteligencia colectiva es más poderosa que la individual.
Negroponte predice, no futuriza.
A medida que avanza la tecnología en el MIT, él va viendo a donde se puede llegar, no necesita adivinar.
De hecho, hace treinta años predijo que uno de los siguientes pasos sería usar los dedos en lugar del ratón.

Otra predicción es que llegará un momento en que podremos aprender un idioma tomando una pastilla.



Al volver a Bilbao, lo primero que hice fue comprarme el iMac original, contratar un profesor que me daba clase dos horas diarias y seguir intentando que me resultase familiar el mundo digital, lo que no era fácil para una persona que se había pasado la vida con un lápiz y un papel e incluso con cierta adicción a las plumas estilográficas.
Tuve la gran fortuna de encontrar una academia en las Arenas donde me enseñaron a hace mi propia web.
Eso fue la felicidad.
La directora me puso como condición que aprendiera código y aunque la idea me asustaba, accedí y me di cuenta de que no era tan difícil.
Así que con paciencia y constancia, llegué a realizar mi propia web con mi propio estilo.
Para mi era fundamental hacer yo misma mi web porque las que veo, tanto las buenas como las que no lo son tanto, tienen algo que las hace parecidas y eso no me gusta.

Supongo que mi web resultará antigua hoy en día, aún así tiene su valor y en ella se encuentra una parte importante de mi trayectoria, tanto profesional como vital.

Una vez realizada mi web, mis ambiciones se hicieron mayores y me apunté en una academia de Bilbao a donde todos los que iban eran estudiantes de informática y, a pesar de poner toda mi alma en el empeño, siempre me quedaba rezagada.
Terminé el curso y decidí que prefería ir más lenta y disfrutar más.
Nada como conocer mis propios límites.




*Instituto Tecnológico de Massachusetts



lunes, 20 de marzo de 2017

DOSCIENTOS VEINTIUNO







Hay un concurso que consiste en pasar un mes en una casa de campo aislada, con toda clase de comodidades incluida la televisión y los gastos pagados.
El único requisito es no usar ningún dispositivo conectado con internet, ni tener un móvil.
La persona que sea capaz de hacerlo, gana una cantidad importante de dinero.
Lo leí hace unos días y todavía no se había apuntado nadie.
Vi la foto de la casita que era muy mona, ella solita en la mitad de un bosque.

Me hizo recapacitar y pensar en mi misma y en mi contacto diario con mis dispositivos siempre conectados al wifi.
Podría vivir sin esa conexión, lo sé porque antes, hace tiempo, a veces fallaba y tardaban en arreglarlo.
Me solía sentir despistada al principio y he de reconocer que mi vida cambiaba.
Leía más, salía todos los días, iba al cine y a los museos, lo pasaba muy bien, pero en cuanto arreglaban la avería, volvía a las andadas con una alegría manifiesta.

Estoy encantada de vivir en la época de internet.
Además de otros temas, me encanta la investigación lo cual resulta instantáneo con internet.
Y sobre todo, el asunto de las fotografías, es algo que ni en mis sueños más inalcanzables hubiera podido imaginar.
De hecho, recuerdo que cuando me lo contó mi hijo Jaime antes de que yo fuera a Los Ángeles, no lo podía creer.
Me explicó que yo podría enviar las fotos de mis cuadros y serían recibidas al instante.
Jaime suele estar al tanto de las últimas novedades en esos temas y aún así me costaba creer que eso pudiera ser verdad.

Ya en LA, empecé a estudiar el mundo digital con una profesora que se dedicaba exclusivamente a trabajar con el ordenador.
Se pasaba unas catorce horas al día delante de su pantalla.
Para una novata como yo, resultaba excesiva, me volvía un poco loca, me exigía más de lo que yo era capaz.
Creo que no le entraba en la cabeza que yo pudiera ser tan torpe, ya que tenía una hija que estudiaba en el MIT* y creía firmemente en que en ese santo lugar, conseguirían fabricar ordenadores más inteligentes que los seres humanos.
A mi me empezó a intrigar ese mundo tan sofisticado que desconocía por completo.
Además, por aquella época ya había empezado a ir a la Pepperdine* para mejorar mi inglés y me habían asignado un ordenador personal, aunque solo lo utilizaba para enviar mails a las pocas personas de mi entorno que ya estaban conectadas.

Al mismo tiempo, me di cuenta de que necesitaba tener una web en la que se pudiera ver la obra en la que estaba trabajando en Malibu, que se llamaba Stapling, ya que debido a la escasez de recursos y de espacio, usaba grapas para componer una especie de collages que se llaman non objective Mixed-Media, con cartones de colores.

Como ya tenía bastantes piezas, encargué que metieran mi web personal en una web de artistas cuyo precio no recuerdo, pero imagino que sería razonable.
Todavía se puede ver.
Cuando vi mi mini web con mis cuadros, mi biografía y mi manifiesto de artista a todo color, me emocioné tanto, que decidí que tenía que aprender a hacer mi propia web, porque aunque la alegría que sentía era desbordante, también me daba cuenta de que tenía fallos garrafales.
Este fue mi primer contacto con las maravillas de internet.
Me cautivó.
Así empezó esta relación con la era digital en la que me encuentro tan feliz.



*Instituto Tecnológico de Massachusetts
*Universidad




domingo, 19 de marzo de 2017

DOSCIENTOS VEINTE







Todo lo relacionado con los viajes, me encanta. 
Todo, excepto viajar.
Antes de seguir las enseñanzas de Prem Rawat e ir detrás de él por todo el planeta, yo ya había empezado a viajar y me gustaba bastante, hasta que un día en Disneylandia de Los Ángeles, estaba con unos amigos después de haber comido, haciendo cola a pleno sol para entrar en alguna atracción que no me interesaba nada y en ese instante preciso, me di cuenta de que a mi lo que de verdad me gusta, es echar la siesta a esa hora del día.
Es difícil que algo pueda interesarme más que meterme en mi cama y descansar.
Tomé la decisión de no volver a hacer esos viajes tan largos, que me producen un jet lag insoportable que nunca se acaba.

Así que estuve varios años casi sin salir de casa, hasta que fui a París para conocer a Prem Rawat y allí, mi vida dio un giro completo, como la vuelta de un calcetín.
Ya solo me interesaba Prem Rawat, escucharle y seguir sus direcciones.
Se me limpió la cabeza de toda la negatividad y la confusión que había almacenado durante años y en un plisplás me quedé limpia como una patena, dispuesta a recibir todas las bendiciones que la vida me ofrecía.
Desde entonces fui a muchos eventos tanto en Europa, como en América, Asia, África y Australia.
El jet lag seguía haciendo de las suyas, pero intentaba pasarlo por alto por todo lo que disfrutaba cuando estaba en su presencia, escuchándole.
Después me rompí la pierna y he estado varios años sin moverme, y hoy en día casi no me atrevo a salir excepto a ciudades cercanas como Barcelona y Madrid.
Hace unos meses estuve en Londres y llevé una muleta que me facilitó las cosas.
No me siento capaz de estar sentada en un avión mucho tiempo, ya que mi rodilla derecha se resiente.

Ya está anunciada una gira que va a hacer Prem Rawat por el Reino Unido en junio y yo intentaré elegir uno de los sitios en los que resulte más fácil ir.
Me gustaría ir a Edimburgo porque nunca he estado allí, no obstante siendo una ciudad medieval tiene el suelo empedrado, lo que puede resultar difícil para caminar.

De momento, lo único que puedo hacer es esperar tranquila hasta que se puedan comprar las entradas y entonces veré si tengo la gran suerte de tener asegurada la butaca en alguno de los programas, ya que son eventos a los que están invitadas todas las personas interesadas y mucho me temo que se agotarán en cuanto salgan a la venta.






sábado, 18 de marzo de 2017

DOSCIENTOS DIEZ Y NUEVE







Cada vez que oigo hablar de Islandia se me ponen los dientes largos.
No solo por todo lo que han conseguido las mujeres, lo que ya sería más que suficiente para admirarlo como país, sino y sobre todo, porque en el programa de Roge Blasco de los domingos por la noche en radio Euskadi, “Levando anclas” donde hace entrevistas a viajeros creativos, cuando vienen los que han estado en Islandia, todo lo que cuentan es fantástico.
Al decir fantástico no me refiero al significado que damos a esa palabra en el lenguaje coloquial, sino a lo que para nuestra cultura sería algo irreal, que solo existe en la imaginación.
Me refiero a los seres elementales, elfos, gnomos, hadas y otros duendes místicos y míticos a los que yo solo conocía a través de los cuentos, no sabía que existían de verdad.

Islandia es un país bizarro, siempre ha estado muy aislado y la mayoría de los que viven allí, creen en estos seres elementales, hasta tal punto que existe una institución llamada Álfaskólinn, completamente dedicada al estudio de esos pequeños, ocultos en el telar de la naturaleza.
Localizada en Reikjavik, la escuela estudia trece diferentes tipos de elfos que aparentemente habitan en Islandia, cada uno de ellos con una descripción detallada. 
Aunque los elfos son los seres elementales más populares de Islandia, la escuela también estudia otras criaturas.
El temario es complementado con excursiones a los sitios sagrados donde los elfos han sido observados, o donde se dice han realizado alguna acción mágica.

La creencia en elfos en Islandia, no es un tema ligero.
Algunos caminos solo son trazados cuando un equipo de expertos determina que no dañará a los elfos locales.

He visto documentales sobre Islandia y me han resultado fascinantes.
El paisaje, la luz, las auroras boreales, los horarios, todo parece que pertenece a otro planeta.

Casi todos los islandeses están emparentados por lo que para evitar la endogamia, facilitan los árboles genealógicos de todos los habitantes, incluso en aplicaciones para móviles.

La palabra Elficología significa el estudio de la gente menuda.

En Islandia no existe el crimen y la policía patrulla sin armas.
Me hipnotiza Islandia, es todo lo que puedo decir.
A medida que voy aprendiendo los diversos aspectos de Islandia, crece mi asombro.









viernes, 17 de marzo de 2017

DOSCIENTOS DIEZ Y OCHO







No me extraña que la mayoría de los actores famosos de Hollywood, hayan dejado de hacer películas y se hayan metido en el mundo de las series.
Me refiero a que el dineral que ganan en cada capítulo, es astronómico.
A los más famosos y considerados, como por ejemplo Kevin Spacey, les pagan un millón de dólares por cada capítulo.
Y a los demás, de ahí para abajo, teniendo en cuenta que las mujeres siempre están peor pagadas que los hombres, entre un veinte y un treinta por ciento menos.
Las series han alcanzado tanto éxito, que han pasado a ser el entretenimiento preferido de muchas personas que antes eran cinéfilas empedernidas.
Hasta tal punto han enraizado en la vida cotidiana, que incluso hay personajes que se han convertido en un constructo* a través del cual se puede estudiar.
Ha llegado un momento en que se presentan tesis doctorales sobre personajes de series, e incluso en las clases de psicología, ética y otras, se emplean como ejemplos en los que basar determinados comportamientos, dando por hecho que la mayoría de los estudiantes se van a encontrar más reflejados en ellos, que en las grandes figuras de la historia.

Personalmente solo veo las series que me gustan desde el principio, que suelen ser aquellas en las que la protagonista es una mujer.
La verdad es que me cuesta relacionarme con los hombres y sus intereses y más todavía con los papeles que asignan a las mujeres como compañeras de los hombres, por lo que mi amplitud en el campo de las series, se ve menguado debido a mis prejuicios.
No puedo negar que me resulta imposible concentrarme en Juego de Tronos, Breaking Bad o The Wire, aunque no dudo que sean magníficas, pero por más que lo he intentado, no he conseguido que atraigan mi atención.
No obstante, cuando veo series en las que las mujeres adquieren protagonismo, me quedo pegada a la pantalla y disfruto tanto o más que con un buen film.

Hace unos días terminé Borgen, serie de culto donde las haya, con la que no solo he gozado sin ambages, sino que además he aprendido a conocer al pueblo danés, así como su política y el modo de trabajar de los medios de comunicación.

Hace un par de días empecé a ver The fall, La caída, y me absorbe tanto, que ayer vi dos capítulos seguidos, algo que no tengo por costumbre.

No me considero una experta en series ni llegaré a serlo, por lo que ya he explicado en relación con los hombres, pero mientras haya series en las que la mujer adquiera un rol inteligente y responsable, estaré encantada de compaginar películas y series como unos de mis principales entretenimientos.







*Construcción teórica para comprender un problema determinado.

jueves, 16 de marzo de 2017

DOSCIENTOS DIEZ Y SIETE







La documenta (con d minúscula) es una de las exposiciones de arte contemporáneo más importantes del mundo.
Que mi hijo Mattin haya sido invitado a participar en un evento de tanta relevancia, no solo me enorgullece, sino que también me hace feliz y corrobora lo que yo he visto desde pequeño en ese niño que siempre fue especial, hasta el punto de que el mismo hecho de que naciera, estaba fuera de todo pronóstico.
Los hechos sucedieron de la siguiente manera:

Yo llevaba diez años casada con Carlos Artiach y había tenido tres hijos con él.
A esas alturas de la vida ya me había dado cuenta de que el matrimonio no era mi fuerte.
No me gustaba estar pendiente de otra persona, no me gustaba la vida de familia, no obstante seguía ahí, sin tomar decisiones.
Un día fuimos todos a la playa y por circunstancias ajenas a mi voluntad, Carlos, mi hijo pequeño, se ahogó.
Yo me quedé perdida en la nada.
No sabía nada, excepto que solo deseaba estar sola o con mis hijos, Beatriz y Jaime.

Mi hermano Gabriel vino a mi casa y me preguntó donde quería organizar la misa de gloria.
Le dije que en Barrika, así que de repente apareció don Ángel, el párroco de Barrika que era un buen amigo y al saludarme, me dijo:

¿Qué piensas hacer?

No sé, no tengo ni idea.

Lo mejor que puedes hacer es tener otro hijo.

Pero ¡qué cosas se te ocurren!
Eso no entra dentro de mis coordenadas, ni me llevo bien con mi marido, ni tengo ganas de tener otro hijo, ya he tenido muchos.

Blanca, eso no importa, un hijo puede salvarte la vida.

¿Lo dices de verdad, don Ángel?

Si, hazme caso, insisto porque es lo mejor que puedes hacer.

No recuerdo el resto de la conversación, pero al volver de Marruecos, a donde habíamos ido en la furgoneta que nos dejó mi primo Isín Delclaux, yo ya estaba embarazada y en seguida me separé.

Fueron nueve meses dedicados a cuidarme y a proteger al bebé que pronto nacería.
El 13 de julio de 1976 se ahogó Carlos y el 13 de abril de 1977 nació Mattin.
Nueve meses exactos.
Don Ángel tenía razón.
Mattin fue la alegría de mi vida.
Sus hermanos le recibieron con gran ilusión y son sus padrinos.
Desde pequeño mostró una creatividad sin límites y aunque lo que le enseñaban en el colegio le aburría, él por su parte leía, le interesaba saber, era inteligente y muy observador.
Nunca me preocupó que sacara unas notas imposibles, yo confiaba en él.


Mas tarde estudió BBAA en Saint Martin’s, hizo el master en Goldsmith y ahora, en medio de la documenta, presentará su tesis doctoral.




miércoles, 15 de marzo de 2017

DOSCIENTOS DIEZ Y SEIS







El museo de Bellas Artes de Bilbao, también conocido como museo del parque, forma parte intrínseca de mi vida.
Cuando vivía con mis padres y hermanos en Bilbao, uno de mis planes favoritos en cuanto me dejaron salir sola, consistía en ir paseando por la alameda de Mazarredo, que a la sazón era una calle tranquila y solitaria, hasta llegar al museo, al que todavía no le habían añadido la parte nueva, diseñada por el arquitecto Álvaro Líbano en 1970.
Más tarde se hizo otra obra que dio paso al definitivo museo, como se puede ver hoy en día, que fue inaugurado con bombo y platillo en el año 2001.

En la época que yo recuerdo con tanto cariño, se entraba por la puerta del edificio antiguo y que yo recuerde, solo Matías andaba por allí como conserje.
Casi nunca había gente.
Yo solía pasearme por las galerías, sin que nadie me mirase ni me observara.
Podía acercarme a los cuadros y tocarlos con toda tranquilidad.
Me los conocía como si fueran mis amigos.
En aquella época no se daba tanta importancia a los museos.
Además, no había pintura contemporánea.
En el museo solo se concebía que estuviera expuesta la obra de los muertos.

Con el nuevo edificio cambiaron las cosas y empezaron a colgar cuadros de artistas vivos, e incluso hicieron exposiciones que resultaban muy interesantes.

Hasta hace unos años, había unos ciclos de cine de gran nivel, en el que pude ponerme al día sobre varios directores importantes para conocer la historia del cine.
Gracias a esos ciclos y a los documentales y conferencias sobre arte y artistas, pude completar mi formación, ya que en la escuela de Bellas Artes no daban demasiada importancia a la parte teórica del arte.

Ha habido muchos cambios desde entonces.
Cada director tenía un estilo diferente de organizar el museo.
Zugaza, que volverá pronto, fue el más innovador y el que consiguió que mucha gente se acercara a ese maravilloso museo, que posee una magia especial.

Tengo mis esperanzas puestas en que Zugaza renueve el museo y le dé vida, despolvando esa especie de aura de franquicia que le rodea ahora, como si estuviera momificado.