martes, 22 de agosto de 2017

SETECIENTOS SIETE







No me cabe la menor duda de que a estas alturas de la vida todos estamos hartos del terrorismo, de la violencia y de las explicaciones de los que hablan y hablan y sacan sus propias conclusiones.
Además del terrorismo de bombas y atentados, existe otra clase de terrorismo que es el ideológico, que no tiene reparos en meter miedo a las personas cuya ideología es diferente a la que impera.
En esta clase de violencia me veo implicada.
Yo tengo mis propias ideas respecto a muchos asuntos de la vida, a las que he llegado a lo largo de años de reflexión, lecturas, conversaciones y sobre todo, escuchando a mi corazón.

Pues bien, lo que voy a contar ahora es una pequeña historia personal:

Tenemos un Whatsapp familiar, en el que nos felicitamos los santos y cumpleaños y en una pequeña medida nos damos noticias que mantienen a la familia sabedora de que todos, que somos muchos, estamos bien.
Se suponía que era un chat sencillo y así ha estado funcionando.
Pero de un tiempo a esta parte, ha empezado a utilizarse para hacer proselitismo religioso y político, dando por hecho que toda la familia formamos parte de una idiosincrasia común, lo cual no corresponde a la realidad.
Hasta tal punto me suelo encontrar intimidada al sentirme sola frente a tantas personas queridas que piensan lo mismo, que intento callarme, es decir, no expresarme, a sabiendas de que eso no corresponde a mi modo de ser y lo que es peor, me perjudica.
Pero tampoco me atrae la idea de enfrentarme a un grupo grande de gente que está en una línea muy diferente a la mía, entre otras cosas, porque no sé discutir.
La mayoría de las conclusiones a las que llego me vienen a través de la intuición.
Mi intuición es mi inteligencia.

Pues bien, prefiero no traer a colación los temas de los últimos Whatsapp porque me hacen daño, el mismo daño que me hace callarme y aceptarlo como si estuviera de acuerdo.

Pero ayer, gracias a dos sobrinos valientes, las cosas cambiaron.
Una sobrina dijo con mucho respeto que no era adecuado aleccionar.
Yo habría dicho manipular.
Me dio valor para decir que estaba de acuerdo con ella.
Y otro sobrino dijo algo parecido, creo que pidiendo respeto para la diversidad de pensamiento.
Agradecí que lo hicieran porque me ayudaron a manifestarme.
















lunes, 21 de agosto de 2017

SETECIENTOS SEIS








Creo que por fin he solucionado el problema de mi natación en mar.
Ayer, con marea alta, me bañé en una especie de lago entre mares que parece hecho especialmente para mi.
Me tiro desde la rampa, por lo que evito la entrada con olas que me empujan y arena con montículos que me engaña, por lo que nado en un agua limpia y cristalina, donde casi no hay personas ni barcos y cuando me canso, salgo alegremente por la misma rampa y me voy a una esquina de la playa en donde sigo leyendo “El cuento de la criada”, que me encanta.

Solucionado este problema, ya no tengo que volverme loca dudando si voy a la playa o me quedo en casa.
Lo que antes suponía una casi tortura, se ha convertido en un placer.
Llevaba todo el mes de agosto haciendo indagaciones para encontrar lo que necesitaba y lo ha conseguido.
Además, así no tengo que estar pendiente de las mareas, tanto si está alta o baja, tengo mi piscina particular.


He estado escuchando a una escritora que hablaba sobre el islam y me ha parecido razonable y sensato lo que decía.
Cuando hablan los islamistas preparados, tengo la sensación de que saben más que los españoles no islamistas considerados expertos en el tema.
Además lo hacen con una tranquilidad y un respeto que resultan convincentes.

Creo que los españoles somos brutos.
Amparados en nuestra pasión desbordada, nos hemos convertido en brutos y así manifestamos lo que sentimos.
No tenemos más que ver la manera de divertirnos en las fiestas populares.

Hace muchos años que no he visitado las txosnas de las fiestas de Bilbao, pero recuerdo que una vez que fui por la noche, no muy tarde, después de los fuegos, me salían lágrimas al verme pisando vino entre vasos de plástico rotos y cuadrillas de borrachos sucios.

Nunca he vuelto.
Me gustan más las fiestas de día con gigantes y cabezudos para sacar fotos. 








domingo, 20 de agosto de 2017

SETECEINTOS CINCO







Mientras desayuno suelo poner la televisión y a veces me encuentro con programas interesantes, que no sabría encontrarlos si los buscara deliberadamente, como por ejemplo hoy, en el que varios poetas y eruditos hablaban de Don Miguel de Unamuno, a quien respeto y cuya mente, a pesar de torturada, me interesa.
Siendo de Bilbao, como yo, somos afines en algunos temas, aunque su tristeza constante no me gusta nada.
No me gusta sentir pena, no siento pena ni de mí misma.

Hace un día espléndido.
Las condiciones de playa no son las mejores para mi, porque ahora está subiendo la marea y la pleamar será a las 16:29.
La temperatura del agua 22º.
Aún así, iré porque solamente el esfuerzo de combatir las ganas que tengo de quedarme en casa, será compensado en cuanto me meta en el agua aunque sea con la muleta.

Así como el profesor Álvarez de Mon insiste en que nadar es el gran secreto, el doctor Valentí, el traumatólogo de la clínica universitaria de Pamplona, lo corroboró, por lo que no me puedo permitir el lujo de dejar ni un solo resquicio de mi pensamiento para la duda.

Parece mentira que habiendo sido la playa durante toda mi vida la mayor ilusión, ahora, debido a la edad o tal vez a la rodilla, he cambiado.
Reconozco que me sienta estupendamente, pero me cuesta hasta preparar la mochila.

El olor del salitre es mi aroma preferido y la ducha al volver a casa me produce un placer ilimitado.

No obstante la idea de dejar el ordenador y el cobijo de la casa que me resguarda del sol, me cuesta, me cuesta, me cuesta tanto que si sigo escribiéndolo me quedo aquí, así que me despido con un ¡hasta la vista! y con la esperanza de que mi esfuerzo sea recompensado.






sábado, 19 de agosto de 2017

SETECIENTOS CUATRO







De momento todo gira alrededor del atentado de Barcelona.
Hablan de uno solo, pero creo recordar que eran dos.
Dicen que no tienen miedo.
No estoy de acuerdo.

Hace años, el 7 de julio de 2005, hubo un atentado terrorista en el metro de Londres, que me afectó profundamente y sentí miedo.
Mi hijo pequeño estudiaba su carrera de BBAA en Londres y vivía cerca de la estación en la que explotaron las bombas.
Me acuerdo de que estuvimos hablando constantemente.
Yo no me movía del teléfono y mi hijo, a pesar de que es tranquilo y considera innecesario que yo me ponga nerviosa, debió de darse cuenta de mi situación, porque no solo era yo la que llamaba.
Ambos nos estuvimos comunicando hasta que pasó el peligro.
Pasé miedo, mucho miedo.

Supongo que es mejor no tener miedo, puesto que no se puede hacer nada para evitar el terrorismo, ni el de estado ni los otros.
Cuando la violencia se dispara, es muy difícil pararla, se convierte en locura.

A través del tiempo se ha llegado a la conclusión de que las guerras no son la solución para resolver los conflictos.
Ya lo han dicho las sabios y los que no lo son tanto, sin embargo se siguen repitiendo, parece que nos cuesta aprender.

Ayer estuve escuchando la radio, a mi entender es un poco mejor que la televisión, hacen entrevistas a personas que tienen opinión y se atreven a decir algo más que los que solo saben leer una fotocopia, de lo que alguien ha decidido que se “debe” decir.

No es que declararan nada del otro mundo, pero por lo menos tenían más claro que a bombazo limpio no se arregla nada, que es mejor hablar, negociar.

También estuve atenta a lo que se decía en FB y Twiter y me resultó fuera de lugar lo que pensaban algunas personas que pertenecen al partido político VOX.
Casi me dan más miedo que los yihadistas.

Parece ser que seguimos en el nivel cuatro, ya que el cinco significaría que los militares estuvieran en la calle y no lo consideran conveniente.










viernes, 18 de agosto de 2017

SETECIENTOS TRES







Un nuevo día con alegres perspectivas para mi rodilla, a pesar de todo lo que está pasando en Cataluña.

Todo resultó muy bien en la CU* de Pamplona.
El doctor Valentí, un sabio encantador y con gran experiencia, recomendado por el profesor Álvarez de Mon, supo al instante cuales eran mis problemas y las soluciones temporales para evitar la operación.
Así que estoy contenta.

Llegué a casa agotada.
Los hospitales matan.

Ya solo me queda llevar mis zapatos al zapatero para que me ponga tacones.

Tanto a la ida como a la vuelta me confundí de camino y casi ni entré en la autopista.
Admito la posibilidad de que soy distraída y despistada, pero también creo que no estaba bien señalizada, porque cuando vivía en Los Ángeles, rara vez me perdía, ya que la señalización es perfecta.
Además, creo que configuré mal el GPS porque todo el tiempo me indicaba el camino para que volviera a Bilbao.

No importa, no es el fin del mundo, conduje entre carreteras de lindos paisajes verdes, aunque con demasiados pinos insignis que estropean la belleza del conjunto.

He dormido como un lirón y al poner la televisión mientras desayunaba, he sabido lo del segundo atentado en Cambrils.

Ya sabía que estamos en pleno Kali Yuga*, por lo que a pesar de que casi todo lo que sucede es previsible en mayor o menor medida, me sorprende la rapidez de los acontecimientos.
Es como si el tiempo se precipitara y por más que yo intente ir más despacio, no pudiera frenar.

Solo me queda confiar.
Intentar vivir de acuerdo al conocimiento y disfrutar de la vida apoyándome en la respiración.




*Clínica Universitaria
*Edad Oscura







jueves, 17 de agosto de 2017

SETECIENTOS DOS






Llego de Pamplona encantada de la vida porque la consulta con el doctor Valentí ha sido un éxito y me encuentro con el atentado de Barcelona.
Es difícil ser muy feliz cuando ves que hay tanta gente que sufre, que está descontenta, que protesta, que recurre a la violencia, que pasa hambre y cosas peores.
Se me quitan las ganas de hablar de mis pequeñeces, también son miserias, pero son las mías.
Me siento egoísta, me siento incómoda, me mima la vida ¿debería esconderme?
No, no pienso esconderme, quiero vivir, disfrutar de la vida y dar gracias porque el solo hecho de estar viva me hace feliz.
Ahora no tengo ganas de escribir, me retiro a mi refugio y mañana hablaré, a plena luz del día, cuando Trump opine sobre lo sucedido en Barcelona.´

Si acaso.






miércoles, 16 de agosto de 2017

SETECIENTOS UNO








En cuanto termine de escribir el texto correspondiente al día de hoy, me arreglo y salgo para Pamplona.
Tengo cita en la Clínica Universitaria para que el doctor Valentí, experto en rodillas, mire la mía.
Ojalá pueda hacer algo que no sea operarla, porque de momento no me siento con fuerza para meterme en un quirófano.
No me apetece nada el plan que me espera pero "el que algo quiere, algo le cuesta" y sé que por intentarlo no me voy a arrepentir.
He hecho cosas mucho peores sin resultado de ningún tipo y no me arrepiento porque también dicen los sabios que:

"En el esfuerzo está la dignidad".

Un viajecito tranquilo, duermo en un hotel que está al lado de la clínica y mañana viene Berta, mi maravillosa profesora de Pilates para acompañarme a la entrevista con el doctor.
Ha sido el profesor Álvarez de Mon quien me ha recomendado al doctor Valentí, a quien conoce desde que ambos estudiaron en Navarra.

No quiero tener expectativas porque lo que me recomendó el cirujano que me operó el fémur, es que me operara de la rodilla y yo me he negado a hacerlo.

Me gustaría que me hicieran algún tratamiento, aunque no sé si habrá alguno para mi cartílago desgastado.
Hace años me metieron factores de crecimiento, creo que se llamaba así y no me hizo nada, excepto pasar un verano desagradable y gastar mucho dinero.
Aún así no pierdo la esperanza.
Prefiero intentarlo aunque no consiga nada, que quedarme con la duda.
Yo veo que a los futbolistas y a los tenistas les arreglan todo.
¿Por qué yo voy a ser diferente?





martes, 15 de agosto de 2017

SETECIENTOS








Me he despertado temprano, he puesto la radio y le estaban haciendo una entrevista a Ekai Txapartegui, filósofo zarauztarra que me ha interesado tanto, que he preferido escucharle que dormir otra vez.
Hablaba de la importancia de que cada ser humano sea consciente de su propio poder y no dejarlo en manos de los gobernantes.
Más tarde, indagando en internet he comprendido mejor sus teorías, al enterarme de que es experto en desobediencia civil.
A menudo nombraba a Marx y Foucauld juntos.
Me interesa más la poesía que la filosofía, lo cual no quita que saber lo que dicen los filósofos nunca está de más, sobre todo teniendo un hijo que está muy interesado en esa materia y para hablar con él necesito un mínimo de información, ya que yo, guiada por una intuición de la que me fío, solo cuento con mi propia experiencia, mis datos no son equiparables a los empíricos en los que él centra sus conocimientos.

Intento leer su tesis doctoral pero no consigo avanzar porque no entiendo el significado de “crear agencia” o “agenciamiento”.
Por más que lo intento no acabo de entenderlo.

Personamente me considero fuera del mundo del arte, puesto que no estoy activa, excepto para presentar algunos cuadros que me quedan, cuando me invitan e exposiciones colectivas, en las que no tengo que hacer nada.
Hace unos día expuse un Homenaje a Oteiza en el Kursaal de San Sebastián y ni siquiera fui a la inauguración.
No quiero responsabilidades ni preocupaciones.

Ayer hablaba de que me he dejado tomar el pelo en mis relaciones con los hombres y hoy puedo asegurar que en el mundo del arte en el que he estado metida tantos años, las faltas de respeto a las que me he sometido, han sido aún peores.

Desde que me dedico a hacer lo que me apetece y no tengo pretensiones de ningún tipo, soy mucho más feliz y puedo dedicarme a evolucionar por dentro, que es lo que de verdad me interesa.

Me ha gustado que Ekai Txapartegui mencionara que hoy en día está empezando a adquirir cierta relevancia la “crítica feminista”.

Si ya empiezan a darse cuenta de que las mujeres no estamos contentas, a los primates que toman las decisiones no les quedará más remedio que cambiar, presumo.






lunes, 14 de agosto de 2017

SEISCIENTOS NUEVE







Hace tiempo me estuve tratando con Cecilia, una terapeuta argentina, extraordinaria que murió en Algorta.
Su función primordial era hacer regresiones, además de muchas conversaciones.
Tras hablar largo y tendido conmigo, me dijo que le parecía que yo sería muy feliz en Cuba.
Nunca he estado en Cuba y algunas de las cosas que me cuentan me gustan mucho, no obstante me temo que estoy demasiado acostumbrada a las ventajas del capitalismo, aunque me considero austera en relación a mi entorno.
No tengo demasiadas pretensiones.

Algo que me ha producido un sentimiento de gran interés, es que mi hijo que acaba de llegar de Cuba donde ha pasado sus vacaciones, me ha contado que así como el museo de la Revolución estaba bastante dejado de la mano de Dios, el de Bellas Artes brillaba, super cuidado y bien mantenido.

Al indagar en internet sobre ambos, imagino que cuando hicieron el de la Revolución pusieron verdadero interés, ya que la afamada Tiffany’s de Nueva York decoró su interior.
Sin embargo ahora que la cultura goza de gran estima, es el arte lo que cuidan con esmero.


De momento me encuentro bien en Getxo, donde vivo tranquilamente y tengo todo lo que necesito.
Solo me muevo cuando el propósito que me lleva es importante para aumentar mi paz interior.
Por lo demás, sigo aquí tan tranquila, disfrutando de todo lo que la vida me ofrece.

He vivido con tanta intensidad que ahora que por fin soy feliz con estar a gusto, no pido más.



Ayer se armó un alboroto en FB a cuenta del texto escrito por Javier Cercas, llamado “Feminismo salvaje” en el que confiesa que no comprende, cómo a estas alturas de la vida, todavía las mujeres somos capaces de querer a los hombres, ocuparnos de ellos y cuidarles.
La mayoría de los hombres estaban de acuerdo con él y confieso que no me fijé demasiado en las opiniones de las mujeres, porque excepto con las feministas avanzadas, pienso lo mismo que Cercas.
De hecho, exceptuando a mis hermanos y a mis hijos, mi comportamiento con los hombres es más bien antisocial.
Lo pasé demasiado mal cuando me relacionaba con ellos aceptando los términos habituales, así que el día que cumplí cincuenta años, viviendo en Los Ángeles y recién terminada una relación con un latino que llevaba viviendo en LA desde los cuatro años, harta de dejarme tomar el pelo, hice voto de castidad.
Lo sigo a rajatabla y desde entonces vivo feliz.


Me gustan los hombres pero a distancia.







domingo, 13 de agosto de 2017

SEISCIENTOS OCHO







Mientras daba un paseo por la maravillosa playa de Plencia en marea baja, descubrí un lugar que hubiera podido servirme durante los años que tenía que andar con muletas.
Se trata de unos socorristas especializados, que tienen toda clase de aparatos para llevar a los discapacitados a darse un buen baño y disfrutar de la mar salada.
Ofrecen ayuda, cuarto de baño especial, un lugar para cambiarse de ropa y una taquilla para dejarla.

Me brindaron de todo, pero yo solo acepté una muleta especial que flota y aún así, me di cuenta de que en marea baja no necesito ni eso.
Me voy solita tan campante y disfruto de lo lindo.
Resumiendo, que el secreto para que mis baños de mar sean perfectos, es ir en plena marea baja.
Hoy, la próxima bajamar será a las 14:59, es decir a las tres de la tarde, que me parece una hora ideal para empezar mi día de playa, si se quitan algunas nubes que parece que tienen ganas de fastidiar.

Me animé tanto ayer, que me fui a los campos de Barrika y encontré un delicioso caserío abandonado con mucho encanto ya que, aunque con el tejado roto y descuidado, se notaba que había estado en manos de gente con buen gusto por lo que, incluso lo que quedaba del caserío, estaba precioso.
Hice fotos y me quedé contenta.
Cada vez me gusta más la fotografía.
Es una lástima que sea tan reacia a aprender la técnica.

Los caseríos son unos edificios construidos con la sabiduría de un pueblo ancestral, que se auto abastece con sus propios productos, tanto de agricultura como de ganadería.
Incluso hoy en día, a pesar de que mucha gente ha preferido ir a la ciudad, hay gente que decide volver al caserío y explotarlo con los nuevos métodos que han aprendido en la universidad.

Por ejemplo, yo tengo una amiga que vive en San Julián de Muskiz, cuyo marido es pastor y ella hace quesos.
Han adoptado una niña china y para que recupere su lengua, la llevan a una academia de chino en Bilbao.
Pocas veces he visto a una madre tratar con tanto amor a su hija.

Debe de ser una vida dura, pero a ellos les da gran satisfacción, sobre todo cuando ganan el premio al mejor queso, en los concursos que tanto se estilan en el país de los vascos.

San Julián de Muskiz es un lugar bonito, pero el aire está contaminado por la refinería de petróleo, por lo que evito acercarme a ese lugar.


No sé lo que me deparará el destino hoy, todo depende del capricho de las nubes.








sábado, 12 de agosto de 2017

SEISCIENTOS SIETE








Aparece un día magnífico que ya estaba anunciado.
Tengo la sensación de que, por lo menos tres días seguidos, voy a poder ir a la playa si es lo que deseo.
Bandera verde, viento flojo, bajamar a las 14:13, temperatura del agua 21º, oleaje débil, cielo despejado, no habrá medusas.
¿Qué más se puede pedir?

Los baños del mar Cantábrico ejercen en mi una sanación inmediata, me despejan la cabeza y se llevan todas las telarañas que se han ido tejiendo durante los últimos días, me renuevan.
No tienen comparación con otros mares que conozco.
Tal vez sea por la cantidad de salitre.

La playa de Plencia, a la que empecé a ir cuando me di cuenta de que en mis condiciones actuales no puedo ir a las playas salvajes que tanto me gustaban, dispone de todos los requisitos para mi en esta fase de mi vida .
El parking llega hasta la playa y siempre hay sitio aunque sea domingo.
Está muy cuidada, con buenos socorrieras y la mar no es muy fuerte.

Hay mucha gente, eso es innegable, pero lo acepto encantada, no se pueden pedir peras al olmo.
Otra de sus ventajas es que no da la sensación de que haya que estar estupenda.
Hay chicas guapas, eso es inevitable, morenas y con unos cuerpos preciosos, pero son jóvenes.
Las de mi edad estamos todas más rellenas y se nota que no nos da vergüenza.
No hay nada como aceptarse, aunque cueste.
He estado en algunas playas en las que la mayoría de la gente, tanto hombres como mujeres estaban tan guapos y delgados, que hoy en día yo me habría sentido incómoda con los kilos que me sobran.
Ya me pasó algo parecido la última vez que estuve en Miami.
La mayoría de la gente que veía era tan guapa que al llegar a Bilbao y ver a personas más corrientes hizo que me sintiera mejor, más encajada.

Ayer no salí de casa en todo el día.
Llovió.
Tengo pendiente la exposición de Baselitz, que es uno de mis artistas favoritos.
La primera vez que vi su obra fue en Madrid, hace muchos años, en 1988 tal vez y me impactó tanto que desde entonces le sigo y he visto piezas realmente sorprendentes, sobre todo en Alemania y en Los Ángeles.

Supongo que algún día también iré a ver la de Kóplovich, que no me apetece tanto.
He puesto el tilde en la primera “o” para no olvidarme de que se acentúa ahí.
Me enteré el día de la fiesta de Rosalía.
Parece ser que algunas amigas de Pilar Aburto están relacionadas con el tema de la exposición o le conocen, algo parecido.


Ya no voy a escribir más porque me siento sosa.

Las mañanas no son mi fuerte.









viernes, 11 de agosto de 2017

SEISCIENTOS SEIS







Otra vez tuvimos fiesta ayer.
Improvisada.
Quería comprar fruta y verdura para mi casa y de repente descubrí una zona en la que estaban los productos que habían llegado de la Rioja, jamón, lomo y chorizo, los mejores del mundo, así que me fui animando y organizamos una agradable velada, a la que también asistió mi hijo Jaime que, como ya he comentado en otras ocasiones, es encantador y tiene información privilegiada sobre temas interesantes.

Uno de los temas estrella fue Jon Rahm, de quien en esta casa se habla a menudo, ya que no solo es de Barrika, lugar cercano para nosotros, sino que además es alumno de Eduardo Celles, la escuela de golf en la que Beatriz es profesora. 

Es posible que Jon Rahm sea el campeón del mundo muy pronto.
En este momento está considerado el sexto en el ranking mundial.
Es un genio, de la línea de Severiano Ballesteros.

Su motto:

Mi meta es ser el mejor en todo lo que hago.

Ya casi no puede aparecer en el país de los vascos porque la prensa le acosa.
Verle en la televisión es una gozada.
Sus golpes tiene algo de magia, no es un jugador bueno sin más, tiene algo especial.
Ver golf en la televisión me gusta mucho, pero no es fácil porque hay que tener acceso a canales especiales.

De momento yo solo tengo canales especiales para las series.
Antes veía las series en canales piratas y era espantoso, no contaba con ninguna seguridad.
Ahora soy socia de Netflix y Filmin y estoy encantada, todo es muy profesional y no resulta caro.

He visto serie estupendas y todavía tengo en lista de espera algunas muy apetecibles.
He empezado a ver Charity, serie alemana que trata de un hospital del siglo XIX, cuando el doctor Koch descubrió el bacilo de la tuberculosis.
Ha tenido mucho éxito en su país.
De momento, me interesa.