domingo, 5 de marzo de 2017

DOSCIENTOS SEIS







Estoy pasando un maravilloso día de cumpleaños.

Dedico gran parte de mi tiempo a FB, como ya os lo he dicho en otras ocasiones.
Para mi FB es el lugar de encuentro con mis amigos.
Todo lo que dicen sobre eso de que es mejor estar con la gente en plan analógico tomando un café, es posible que sea verdad, pero cuando sucede que la mayoría de mis amigos viven en otros lugares del planeta, para mi es un auténtico placer seguirles de cerca y saber que se encuentran bien y que a muchos de ellos, les podré ver pronto cuando vayamos a una conferencia de Prem Rawat.

Yo no tengo prejuicios respecto a las redes sociales.
Me gustan, me alegran la vida, me mantienen comunicada.
Hoy, que he cumplido setenta y un años, he preferido quedarme en casa recibiendo las felicitaciones de mis amigos, permitiendo así que se me ensanche el corazón.
Es bonito dejarse querer de vez en cuando.
Yo quiero muchísimo a todos mis amigos y a todos los miembros de mi familia.
Y los amigos de FB ocupan un lugar muy grande en mi corazón.
Creo que lo saben, suelo responder con entusiasmo.
Agradezco que compartan su vida conmigo.





Ha pasado un poco de tiempo en el cual, he recibido la triste noticia de que una compañera de la clase de escritura que se llamaba Naroa, ha aparecido muerta en la Galea.
Era una niña muy especial, sensible, cariñosa, respetuosa y muy inteligente.
No solo escribía muy bien, sino que leía de tal manera que parecía el flautista de Hamelín, era imposible no seguirla.
Casi siempre se sentaba cerca de mi y nos mirábamos con cierta complicidad, cuando algo nos hacía gracia.
Naroa era más bien seria, madura, culta, delicada, con ganas de aprender, se podía hablar con ella de todos los temas y todo le interesaba.
Mucha gente pasa por la clase de escritura, vienen y van sin dejar huella, pero puedo asegurar sin temor a equivocarme que Naroa dejará un hueco difícil de llenar.
Recuerdo que el profesor le decía:

Si sigues así, serás escritora.

Y a mi me gustaba intervenir:

Ya veremos cuando empiece a enamorarse y a distraerse saliendo con chicos, a ver qué pasa entonces.

Y Naroa sonreía.









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