jueves, 2 de marzo de 2017

DOSCIENTOS TRES







No sé si todo, pero mucho de lo que cuentan los libros de autoayuda y las terapias de la nueva era, tiene bastante razón.
En el caso concreto al que me refiero, se trata del cambio de carácter que se ha producido en mí, desde que dejé de pintar.
Eso no significa que haya dejado de interesarme por la pintura, todo lo contrario, me sigue fascinando de una forma diferente.
Tal vez lo más significativo sea que he dejado de ir a las inauguraciones y a las galerías de arte.
Solo me interesan los museos.
Dedico menos tiempo a ese asunto y prefiero que no haya gente, me gusta estar sola en las exposiciones.
Tampoco me apetece demasiado hablar de lo que yo experimento ante las obras de arte que me tocan el corazón, ya que me dejan sin palabras.
Lo que realmente me interesa de la pintura es lo que siento.
Ya no voy a conferencias y casi no leo las críticas excepto las de Luis Francisco Pérez, más que nada porque las enriquece al situarlas en el contexto adecuado.
También aprendo con Francisco Calvo Serraller, gracias a él fui capaz de entender y apreciar a Jeff Koons.

Reconozco que siempre he tenido cierta tendencia a ir por libre, y así no dejarme influenciar por la opinión de los demás y ahora que no pertenezco al mundo de los pintores, lo hago con más razón.

Percibo algo muy especial al encontrarme sola frente a una obra de arte que me emociona, que me obliga a reconocer el inmenso trabajo, tanto físico como personal, que ha realizado el artista para llegar a comunicar conmigo desde ese punto tan profundo.

Vivir cerca del Guggenheim, Bilbao, ha supuesto para mi un gran regalo.
Antes, cuando viajaba, tenía constantes oportunidades de ir a grandes museos y poder así deleitarme viendo exposiciones magníficas, no obstante, ahora que lo más lejos que voy es a Madrid o Barcelona, tengo la sensación de que entre el Macba, el Reina y el Guggy, estoy más o menos al día.

Este año, además, se añade la gran alegría de que a mi hijo Mattin le han invitado a la documenta 14 que se inaugurará en Atenas el ocho de abril.
No sé si seré capaz de ir, tendré que pensarlo un poco más.
No sé hasta que punto me encuentro fuerte como para hacer un viaje tan largo, ya que no hay vuelos directos desde Bilbao a Atenas.
Tal vez cuando inauguren en Kassel el diez de junio me sienta más animada, aunque lo dudo.
No estoy para viajes complicados, mas la idea de ir a una documenta con mi hijo en ella, es una gran tentación.

Ya veremos, todo se andará.
De momento no quiero preocuparme, no quiero que nada rompa mi paz interior, que es mi verdadero tesoro.








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