martes, 14 de marzo de 2017

DOSCIENTOS QUINCE






A medida que voy experimentando distintas formas de expresarme, reconozco  que haber estudiado BBAA me ha enseñado, además de dibujo y pintura que era el objetivo primordial, otras asignaturas que puedo aplicar a todo lo que me entrego.
Hablo de haber aprendido a mirar, a ver, a observar, a fijarme en los detalles, en la composición y el color de todo lo que me rodea.
En las luces y las sombras.
Por ejemplo, al editar las fotos, que es lo que más me gusta del tema, ya tengo experiencia en lo fundamental.
De hecho, cuando dibujaba estatua con carboncillo, preguntaba a los profesores para qué servía eso tan difícil y siempre me contestaban lo mismo:

Para aprender a ver.

Efectivamente, tanto mirar en la escayola blanca, terminábamos viendo hasta las sombras invisibles.






Cuando vivía en LA me llamaba poderosamente la atención, RuPaul por su inagotable cambio de profesiones.
No solo pasaba de hombre a mujer sin enterarse, sino que lo mismo se dedicaba a cantar que a escribir, que a presentar un programa de televisión o radio, su versatilidad es asombrosa.
Yo he sido tan terca que hasta hace unos años me empeñé en ser pintora, a pesar de que era evidente que no triunfaba, me parecía mentira que se pudiera cambiar de profesión sin darle la menor importancia.

Recuerdo que pensaba en ella con cierta admiración, sin imaginarme ni por un momento, que yo fuera capaz de hacer algo semejante.

En Japón está mal visto empezar una carrera y dejarla en la mitad para dedicarse a otra cosa.
Yo tenía una amiga japonesa, Fumio Yoshida, que estaba en clase conmigo en la universidad, la Pepperdine y me contó que había venido a estudiar a LA porque en Tokio había empezado la carrera de violín, y al cabo de varios años se dio cuenta de que no iba a ser la mejor violinista del mundo, por lo que decidió estudiar psicología, así que vino a los Estados Unidos para no tener mala fama.


La importancia de los elementos culturales nos roban libertad.




Mi hijo el pequeño dice que para hacer un trabajo son necesarios tres pasos:

Primero: Tener ganas de hacerlo
Segundo: Empezar
Tercero: Seguir

Estoy de acuerdo con él.
Los tres actos son imprescindibles.
Tienen que ir siempre juntos.
Uno solo no sirve para nada, excepto para crear frustraciones.












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