sábado, 4 de marzo de 2017

DOSCIENTOS CINCO








He tomado la drástica decisión de no dejarme arrastrar, ni tampoco influenciar por el ritmo de los que hacen que todo vaya deprisa.
No me da la gana.
Tengo intención de hacer todo lo contrario.
Cuando estuve tan enferma y me trataba la doctora Verdugo que trabaja con los conocimientos de la nueva era, me decía que mis síntomas eran propios del cambio de dimensión.
No es fácil acceder a otra dimensión.
Al cuerpo le cuesta adaptarse.
Yo la escuchaba con atención sin estar demasiado segura de que todo lo que decía fuera cierto, porque lo único que quería era encontrarme bien en cualquier dimensión.
Sin embargo, ahora que veo las cosas desde otro punto de vista, pienso que todas las personas que investigan la frecuencia de la tierra y los efectos que produce en los seres humanos, no pueden estar perdiendo el tiempo, sino más bien trabajando para la humanidad.

Mi paz interior es lo único que de verdad necesito y para mantenerla, no me queda más remedio que vivir a mi propio ritmo, es decir, adaptada al ritmo de la naturaleza, pero no al que marcan las personas estresadas, cuyas mentes están distorsionadas.

Verdugo decía que los políticos tienen atrofiado el lóbulo frontal.

A veces veo videos en los que hablan personas que acceden a otras dimensiones y me cuesta creer que lo que dicen sea verdad.
Me parece tan simple vivir sin complicarme la vida, sabiendo que lo único que tengo que hacer es centrarme en la respiración, prestando atención al presente, que quiero poner todo mi esfuerzo en lo fundamental.

Ultimamente los psiquiatras, psicólogos y pediatras recomiendan que los niños se aburran, para que utilicen la imaginación y no estén tan pendientes de que los juegos electrónicos les entretengan.
Creo que tienen razón, pero no solo lo considero conveniente sino que también saludable para las personas mayores, entre las que me incluyo.

En las tertulias de la televisión y la radio resulta molesto e incoherente que los adultos con la responsabilidad de informar, hablen todos a la vez interrumpiéndose, repitiendo lugares comunes y atolondrados.
Parece que ni siquiera saben lo que dicen, hablan por hablar, improvisando.

En fin, que el mundo sigue dando vueltas y con tal de que nos entretengan nos entregamos al primer postor.


Pero yo no quiero dejarme llevar por la inercia, quiero hacer lo que me conviene, estando conectada con mi ser interior.



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