domingo, 19 de febrero de 2017

CIENTO NOVENTA Y TRES







Cuando los de National Geographic me invitaron a mandar 15 fotos a la semana, una condición que me resultó novedosa y me hizo pensar, fue que las fotos no tenían que estar editadas, querían que se mostrase el mundo como es.
Justo en esa época yo había empezado a modificar mis fotos, haciéndolas más bonitas, como si fueran acuarelas.
Quedaban un poco cursis pero me gustaban y a mis seguidores les encantaban.
Así que no me quedó más remedio que dar marcha atrás y volver a las fotos realistas.
Me di cuenta de que resultaban más interesantes y desde entonces casi no las edito, excepto lo imprescindible, es decir, la composición y el encuadre.

Hoy he estado en el campo y he sacado bastantes fotos, sobre todo de caseríos.

Las fotos que publican en National Geographic son muy buenas, extraordinarias, tanto por la técnica como por el contenido.
Ni se me pasa por la imaginación que las mías puedan llegar a publicarse.

No obstante en el concurso al que envío fotos a menudo, en el que no hay restricciones de ningún tipo excepto sujetarse al tema que marcan, hay todo tipo de fotos, buenas, malas y regulares.
Lo interesante de ver tantas fotos y votarlas, es que se aprende a distinguir las buenas de las que no lo son tanto, lo cual me viene muy bien.

No tengo ambiciones respecto a la fotografía, me conformo con sacar fotos bonitas con el iPhone 6 plus que me regalaron mis hijos en navidad.
Me gusta la idea de tener siempre la cámara a mano y poder sacarla en cualquier momento y que todo resulta tan fácil.
Llego a casa y me encuentro todas las fotos en mi ordenador.
Es una actividad que casi no requiere trabajo.
Elijo las que me gustan, las edito un poco y las publico en mi blog llamada SOLO MIS PHOTOS.

Si algunas sirven para el concurso Gurushots, las envío, voto a las que me parecen mejores y santas pascuas.
Disfruto sin hacer grandes esfuerzos.

Las fotos que he sacado hoy son bonitas pero me gustan más las que hago los días de sol porque contrastan las luces con las sombras.







sábado, 18 de febrero de 2017

CIENTO NOVENTA Y DOS







Sanchez Dragó diferencia entre un texto discursivo y uno que sea narrativo.
La diferencia, creo entender, se basa en que el discursivo es más bien una divagación sobre sus pensamientos y los de los escritores con quienes se ha sentido identificado, mientras que el narrativo se limita a contar los hechos tal y como él los recuerda.

Pienso en mi y en mi forma de escribir y mucho me temo que todavía no he llegado a separar mi discurso de mis acciones.
Tampoco sé si deseo hacerlo.
A pesar de que lo que escribo es un diario, que a la larga se va convirtiendo en autobiografía, hay ciertas intimidades que prefiero silenciar, por lo menos de momento.

¿Por qué?

Porque no quiero forzarme a contar ciertos asuntos que solo a mi conciernen.

¿Por qué afirmas eso de manera contundente?
A mi me interesa todo de ti, por eso te leo.

Podrían contestarme algunas personas que me siguen desde el principio con verdadero interés.

Mas yo sé que a pesar de que soy muy indiscreta, no es lo mismo charlar con una amiga, que escribir y publicar temas de índole personal, que pueden inducir a que algunos lectores se rasguen las vestiduras.
A pesar de que yo no tengo demasiado recelo para hablar de mis secretos, he observado que en general, a la gente le cuesta hablar de temas personales.
Es raro que lo que me cuentan me llame la atención, no soy nueva en este mundo.

Dentro de mi hay dos lobos, uno bueno y otro malo y siendo como soy un ser humano normal y corriente, a veces he alimentado al malo y sé lo que he sentido.
Como decía Terencio:

Nada humano me es ajeno.

No soy una persona impresionable.
Yo misma, a veces, cuando me dicen:

¡Que barbaridad lo que ha hecho tal o cual persona!
¿Qué opinas, Blanca?

Me callo, pero lo que de verdad me apetece contestar, es:

Soy la persona menos indicada para juzgar.
He hecho cosas bastante peores.
O mejores, no sé, mejor cambiamos de tema y hablamos de literatura…

La verdad es que la mayoría de la gente con la que me relaciono me conoce y sabe lo que me interesa.

Intento no meterme con nadie y elijo a mis amigos.
Soy selectiva de nacimiento.
Me paso la vida eligiendo, rara vez hago algo al buen tuntún, incluso soy capaz de elegir hasta entre dos garbanzos.
Nada me da igual.

A veces miento por tonterías para que no haya altercados.
Ejemplo:
Cuando vivía en Los Ángeles y me preguntaban en la universidad qué clase de comida me gustada, contestaba sin dudarlo:

California cuisine.

No era verdad, pero de pequeña me enseñaron que “donde fueres haz lo que vieres” y lo contemplo a rajatabla.

Todo menos complicarme la vida.




viernes, 17 de febrero de 2017

CIENTO NOVENTA Y UNO







Mi hijo pequeño, que está haciendo el doctorado, me ha contado que la semana que viene presenta algo en Tubingen, por lo que he mirado el mapa de Alemania para ubicarme.

Y así, tontamente he seguido investigando en Google Maps por el este hasta llegar a Alaska, en donde estuve una vez de paso, yendo a Japón.

Nunca he estado en Rusia ni se me ha presentado la oportunidad de ir allí, aunque me quedé con ganas de conocer San Petersburgo cuando leí Anna Karénina por segunda vez, uno de los mejores libros que he leído en mi vida

Me suele sorprender que, cuando publico algo en el blog dedicado a mi producción artística, me ve mucha gente de Rusia, más incluso que de España.
Supongo que al tratarse solo de imágenes les resultará fácil.

Además de que yo he viajado bastante, desde hace mucho tiempo escucho un programa de radio Euskadi que presenta Roge Blasco, los domingos de 22:00 a 24:00, en el que invita a viajeros que han estado en lugares generalmente lejanos y desconocidos y cuentan lo que han visto y aprendido.
Me encanta viajar a través de lo que relatan esos atrevidos trotamundos, que a veces dejan todo lo que habían construido en su país de origen, se compran una furgoneta que ellos mismos acomodan y se lanzan al mundo en busca de aventuras.
Unos quieren ver mundo, sin tener las ideas muy fijas, otros se interesan por la naturaleza salvaje, algunos ni siquiera saben lo que buscan, tal vez huir de lo cotidiano.
Lo que puedo asegurar es que los que vuelven para contarlo, están entusiasmados y solo piensan en el viaje.
Algunos van solos, otros en pareja o con amigos.
Los que más me impresionan son los que van teniendo hijos en el camino, éstos son los menos.
Da gusto comprobar lo espabilados que salen esos niños que aprenden idiomas, conocen todo tipo de gente, todo tipo de comida y hablan del mundo con un realismo que para mi lo quisiera.

En fin, el viaje. 

Yendo a Madrid en un magnífico autobús que sale de Getxo y se llama Premium, he tenido la sensación de que yo no estoy para grandes viajes.
Mi rodilla no aguanta esa posición de quietud.
Podré moverme por Europa, mas creo que debo olvidarme de esos viajes de horas y horas que incluso estando en perfectas condiciones, me agotaban.
Me alegro de haberme animado a irme tan lejos a pesar de saber que el jet lag me mataba.
Donde mejor me encuentro es en mi casa.
Viajar, para mi, es un suplicio más que un placer.







jueves, 16 de febrero de 2017

CIENTO NOVENTA







Llego a casa y me encuentro un agradable silencio en un espacio ordenado.
Reviso las plantas y todas están contentas, excepto la azalea cuyas flores han decaído.
¿Me habrá echado en falta?
La he regado más de lo habitual, espero que se recupere, no me gustaría tener que podarla.

El viajecito a Madrid ha sido un éxito.
En realidad, lo que ha sido un éxito, ha sido que el profesor me ha encontrado muy bien y ha empezado a bajarme la medicación.

Respecto a mi rodilla poco se puede hacer, ese es otro asunto que no le corresponde a él, sino a mi tomar la decisión de operarme, lo cual está al margen de mis intenciones.
Caminaré despacio, aguantaré el dolor y los inconvenientes.
Lo que sea menester, con tal de no entrar en un quirófano.
Resumiendo, que mi salud va viento en popa.
El doctor Álvarez de Mon y yo hacemos un buen equipo.
Él me dice lo que tengo que hacer y yo lo hago.
Soy obediente por la cuenta que me trae.
Él está encantado conmigo, dice que ver lo malita que llegué a su consulta hace año y medio y verme ahora tan bien, le hace feliz y le genera endocrinas.
Le miro sonriendo y pienso:
A mi más.

Ya, doctor, la verdad es que me encuentro muy bien, pero eso hace que coma demasiado y no me gusta estar gorda.

Está inflamada.

¿De verdad estoy inflamada?

Eso es lo que yo digo cuando me dicen que estoy gordo.

Me entra la risa.

Disfrute de la vida todo lo que pueda, que bastante mal lo ha pasado.

A mi rodilla no le va bien.

Ya nos ocuparemos de eso más adelante.

Y me voy tan contenta a cenar en un argentino que está cerca de mi hotel y hacen esa mitad de pollo deshuesado a la brasa, que solo los argentinos conocen el secreto y que me encanta.

Hoy pensaba haber ido al palacio de Velázquez para ver la exposición de Txomin Badiola, pero encontré un libro antiguo de Sánchez Dragó en un puesto callejero y he preferido quedarme en el hotel leyendo.
Es un diario que publicó en el 96 y me pregunto, cuantas veces habrá tenido que mirar el diccionario para encontrar tantos palabros imposibles de repetir, ya que en aquel tiempo escribía en folios blancos, no usaba ordenador.
Me entretiene y aunque se repite y da más vueltas que un tiovivo a cada tema, me gusta.

Solamente empezar a leer el primer capítulo en el que describe Kioto como la ciudad más bonita del mundo, me cautivó.
Estuve en Kioto hace mucho tiempo y he de confesar que la ciudad antigua de Kioto y sus jardines, me dejaron sin palabras.
Como reconoce Dragó, su belleza es inefable.


Así que vuelvo contenta, con ganas de recuperar mi rutina tranquila y mi diario.

martes, 14 de febrero de 2017

CIENTO OCHENTA Y NUEVE







He de confesar que la experiencia de tener a más de cien mil personas visitando mi blog, me encantó.
Me sentía pegada al ordenador y pensé que me pasaría toda la noche mirando la bola del mundo llena de círculos blancos que venían de todo el planeta.
No obstante, al cabo de unos minutos de euforia, me aburrí y me fui a la cama, que es donde mejor se está cuando llega la noche.
Al día siguiente, ya había disminuido el entusiasmo de los visitantes y por consecuencia el mío.

El éxito es otro engaño y además, casi siempre pasajero.
Me quedo con la tranquilidad constante, solo alterada de vez en cuando por mis ímpetus acelerados.


Hoy es martes y otros asuntos requieren mi atención.
Mañana tengo una cita en Madrid con el profesor Álvarez de Mon y debo cerciorarme de que las plantas tengan el agua necesaria, ya que en mi ausencia nadie se ocupará de ellas.

María Seco se ha adelantado a mi cumpleaños y me ha regalado una rosa de Pitiminí.
Me dice que de momento no la cambie de tiesto, pero no sé si podré dejarla así, ya que las raíces están muy prietas y tienen exceso de agua.
Es una planta grande en un tiesto pequeñito, lo encuentro desproporcionado.
Además tiene tres flores de distintos colores, todos muy bonitos, asalmonados y dos capullos que florecerán pronto, presumo.

Al volver de Madrid tomaré decisiones.

Me pregunto qué harán en las floristerías para tener todas las plantas sanas y bonitas.
Tiene que haber algún truco que los demás desconocemos.


El libro “La meditación y el arte de la jardinería”, escrito por Ark Redwood, editado por Siruela, en el que el autor, jardinero jefe de Chalice Well, unos de los jardines más emblemáticos de Gran Bretaña, que forma parte de la red World Peace Gardens, nos guía a través de una meditación práctica, que puede conllevar el cultivo de las plantas.
Enseña a conectar con la naturaleza siguiendo las estaciones y se puede aprender cómo se debe tratar a las plantas, desde recoger las semillas hasta preparar el abono.
Todo ello tratando de poner toda nuestra atención en el presente, de manera que el cuidado de nuestras plantas resulte una meditación.
Transformando así algo que podría ser solo un trabajo, en un feliz encuentro con la divinidad.








lunes, 13 de febrero de 2017

CIENTO OCHENTA Y OCHO







Lo que sucedió ayer en mi blog es algo inaudito.
Nunca me había pasado algo semejante.
Mi blog llamado TU BILBAO, recibió 108.550 visitas.
El asunto tiene miga.
Empezó el sábado cuando publiqué una reseña de El Correo, en el que se veía una foto con un carrito de limpieza y varias personas admirándolo, incluidos algunos hombres uniformados.

Se trataba de lo siguiente:
La señora de la limpieza había recibido una llamada urgente, mientras cumplía con su trabajo de limpiar el museo Guggenheim de Bilbao, y salió corriendo olvidándose del carrito, el cual se quedó en la mitad de una importante sala.
Los visitantes no dudaron de que se trataba de una pieza de arte contemporáneo y se acercaron para admirarla con detenimiento, mientras los responsables de la seguridad velaban, para que nadie se acercara ni la tocara.
Así se mantuvo durante cuatro horas.

Pues bien, yo publiqué el recorte de El Correo en mi blog y en el Time Line de mi FB y no volví a preocuparme.
Ayer por la mañana, publiqué otra cosa que me pareció interesante y por la noche, cuando lo miré para cerciorarme de que todo estaba en orden, me llamó la atención la cantidad de visitantes que estaban acribillando la bola del mundo que se ve al abrir el blog.
Rápidamente miré las estadísticas, y grande fue mi sorpresa al ver que ya había más de 100.000 visitantes.

El motivo de tanto interés, era lo acontecido en el famoso museo Guggenheim, cuya fama alcanza cotas insuperables.

Al ver que el último post podía resultar un estorbo, intenté eliminarlo, con tan mala suerte que me confundí y eliminé el del museo.
Intenté recuperarlo, mas resultaba imposible porque tengo la sensación de que ningún periódico ha publicado el suceso.
Imposible encontrarlo por más que lo intenté.
Lo que si recuperé fue la foto que se había quedado en FB, así que con la foto y parte del texto que recordaba, organicé un post, que por lo menos daba cuenta de lo sucedido, aunque hoy he notado que había perdido algo de interés.

También publiqué unas notas con el suceso en mi blog personal BLANCA ORAA MOYUA, al que titulé “El carrito de la limpieza” pero ha tenido muy pocas visitas, incluso menos de las acostumbradas.

Deduzco que la gente quería ver lo publicado en el periódico, que es lo que da credibilidad al tema.
Pero eso ya es casi imposible, excepto por la foto que sigue en su sitio.

Hoy lo están viendo en Europa y Argentina, pero con menos entusiasmo.
No me extrañaría que los del Guggenheim, que tienen mucho poder a juzgar por lo que hicieron con mi performance sobre Thomas Krens y con todo lo que yo había publicado en Youtube, hayan conseguido que nadie lo publique.
Me retiraron más de mil videos.
Gracias a que María Seco tenía una copia de esa performance, la recuperé y la cambié de nombre y desde entonces la guardo a buen recaudo ya que, sin lugar a dudas, ha sido la mejor de mi trayectoria.
De hecho, ha sido proyectada en el Guggenheim Bilbao, en el Reina Sofía de Madrid, en el Instituto Cervantes de Estocolmo y en algunos otros sitios que no recuerdo, ya que no se hacía bajo mi supervisión, sino que alguien que presentaba un trabajo, metía mi video en su selección.

Asuntos del arte contemporáneo.



domingo, 12 de febrero de 2017

CIENTO OCHENTA Y SIETE







Me gusta tener una azalea llena de flores en mi mesa de trabajo.
La primera que tuve me la regalaron los MEM, en agradecimiento por dejar que me hicieran una foto para el cartel del año 2015.
Me acostumbré a mirarla, mas no fui capaz de mantenerla viva, por lo que se secó.
Recuerdo que mi hermano Fernando solía ir al mercado del Arenal los domingos por la mañana y siempre aparecía con una azalea para mi madre, que ella colocaba en la mesita que tenía delante, para poderla ver todo el tiempo.
Retiraba la anterior y la ponía en la terraza.
Aunque algunas le fallaban y se morían, las que sobrevivían se hacían grandes y se ponían preciosas.
Mi madre me las enseñaba con orgullo.
Tanto con orgullo por lo bonita que estaba la planta, como del hijo pendiente de ella.
Yo me he comprado una azalea con flores rosas en Eroski y la he puesto a la izquierda del ordenador.
La he cambiado de tiesto.
La he puesto en uno más grande que compré en Ikea, la miro y creo que ahora se siente más cómoda, con más espacio para extender sus raíces.
A su lado tengo una botellita con agua y cada vez que me acuerdo, meto el dedo en la tierra para ver si tiene sed.
Desde que he metido las plantas en casa, las trato de manera individual y he observado que todas tienen necesidades diferentes, aunque sean de la misma clase.
Antes no me atrevía a comprar las plantas en Eroski, solía ir a los centros de jardinería, pero tengo la sensación de que las del supermercado son más fuertes, porque están acostumbradas a la luz artificial.
Además me hace ilusión.
Cada vez que tengo que hacer compras, termino la cesta con una plantita que me hará muy feliz cuando la tenga en casa.
Ayer me compré una kalanchoe con flores blancas.
Tengo otras dos de la misma clase, con las flores de distintos colores.
No me encantan, pero son fuertes y eso es de agradecer.
Tienen las hojas duras, se asemejan a las plantas crasas.
Tengo tendencia a regar demasiado, por lo que la única manera de que no se pudran por exceso de agua, es meter el dedo en la tierra, así que no me queda más remedio que hacerlo, aunque luego tenga que lavarme las manos cada cinco minutos.

Los tiestos de Ikea son de barro, muy bonitos y pesados.
En cambio, los que tienen las plantas al comprarlas, son de plástico y más pequeños de lo que les corresponden.
Supongo que al tener tan poco sitio para las raíces, no les queda más remedio que sacar ramas con hojas y flores para poder crecer por algún sitio, pero se nota que no están cómodas, es mejor ponerlas en un tiesto más grande.

La jardinera de un invernadero de Berango, me dijo que a las plantas les da lo mismo estar en un tiesto de plástico o de barro, lo único que quieren es tierra, sol y agua.

En mi cuarto tengo una lavanda preciosa, que además de oler muy bien, ayuda a dormir.
Ahora ya me he acostumbrado, pero al principio dormía demasiado y me costaba levantarme por la mañana.
Parecía que venía de otro mundo.
Me sorprendió que una planta tuviera tanto poder.
Los campos de la Provenza francesa están llenos de lavanda morada, son preciosos y huelen mejor que bien, da gusto verlos y pasearse por allí.
Yo fui una vez para ver una exposición de Cezanne que está considerado el padre de la pintura moderna, aunque cuando estaba vivo no tuvo éxito ni reconocimiento.
Los franceses no dicen Aix-en-Provence, ellos solo dicen Aix.

La mejor manera de aprender los detalles culturales es ir al lugar.
Yo estuve en Londres hace unos meses y allí aprendí a decir wifi en inglés, es decir uaifai.
Me hizo gracia.
Yo como una sinsorga preguntando por el wifi...